Si bien, ya es sabido q no se puede predecir el futuro, me propuse hace una recopilación de posturas con el fin de obtener un panorama de cómo se está imaginando hoy el futuro del libro.
Para esto recurrí al libro de Geoffrey Nunberg, El Futuro del Libro. Este libro se encuentra compuesto por diferentes ensayos que pertenecen a una larga tradición de pensamientos críticos sobre los efectos culturales de nuevas formas y nuevos medios de comunicación.
En la discusión que se viene desarrollando en torno al futuro del libro, es posible distinguir dos polos opuestos; uno compuesto por las profecía de personas que se las suele denominar “visionarios de la informáticas”; quienes ofrecen un futuro en donde el libro impreso, las bibliotecas de ladrillo y cemento, las librerías y los editores tradicionales serán sustituidos por instituciones y géneros electrónicos; donde la narrativa tradicional ha cedido todas sus importantes funciones al hipertextos o al multimedia; donde se han eliminado los límites entre los medios de comunicación y las disciplinas tradicionales; y donde la sociedad de letras impresas ha sido remplazada por un orden discursivo más armonioso y equitativo.
En el polo opuesto, se encuentras los bibliófilos, los más conservadores; los que consideran inaceptable la posibilidad de leer una novela en una pantalla.
Ambas partes adoptan un determinismo tecnológico, creen que el futuro del discurso se basa enteramente en los artefactos que le sirven de medio, y estos artefactos, junto a las épocas culturales, sólo pueden sustituirse unos a otros. Como diría Umberto Eco “Esto matará a esto otro”.
Paul Duguid señala que la doctrina de la sustitución tiene grandes afinidades con el programa teórico del posmodernismo, con su insistencia en que la historia avanza gracias a abruptas y demoledoras discontinuidades. El autor afirma que casi todos lo visionarios están influidos por alguna versión de la idea de Daniel Bell, de que estamos en el umbral de una era posindustrial, ya que el orden social construido alrededor de la producción y distribución de bienes cede paso a un orden determinado por el conocimiento teórico.
Nadie niega que la tecnología digital tendrá profundo efecto sobre la manera de organizar el discurso y prometen dar lugar a la aparición de una nueva “esfera mediática o mediaesfera”, término de Régis Debray, un nuevo tipo de discurso. Pero es imposible predecir, con los cambios vertiginosos que sufre la tecnología, cuál va a ser la forma determinada que va a tomar y cuáles serán las consecuencias culturales.
Duguid y Debray señalan que la utilidad e importancia del formato libro no empieza y termina con la página impresa. Destacan que las aplicaciones de las tecnologías digitales no se limitan a la presentación de textos en pantalla, sino que prometen causar importante cambios en la edición impresa (Ejemplo, impresión digital).
James O’Donnell aventura una predicción más: para el final de la década todas las charlas sobre “el final del libro” sonarán anticuadas y marchitas como la mayor parte de las predicciones de este tipo que Duguid y Eco citan como precedentes históricos: la fotografía acabará con la pintura, las películas acabarán con el teatro, la televisión con el cine, etc.
Se es considerado también, en la cuestión del “futuro del libro” como una ocasión para reflexionar sobre la relación entre tecnología y comunicación, y el nuevo discurso que se genera
Ninguno de los que exponen en este libro consideran al libro como algo eterno. Ninguno imagina que la digitalización del discurso pueda efectuarse sin cambios importantes, y nadie acepta al determinismo simplista de los visionarios.
En conclusión | se puede decir que no hay razones, por el memento, que nos den indicio de la muerte del libro. Si bien no se puede negar que las grandes transformaciones tecnológicas afectan al libro como objeto, como así también la forma de vincularnos con ellos; se ve dispersada de la función cultural y comunicativa que asociamos con el libro pero no por ello vamos a prever una extinción del mismo. Cada medio propone una manera particular de vincularnos con el mensaje, será el lector quien elija la de su preferencia y como diría Nunberg “cuando todo es posible, no se renuncia a nada”.
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