martes, 26 de julio de 2011

ESTO MATARÁ A ESTO OTRO… Debate sobre el futuro del libro.


Si bien, ya es sabido q no se puede predecir el futuro, me propuse hace una recopilación de posturas con el fin de obtener un panorama de cómo se está imaginando hoy el futuro del libro.
Para esto recurrí al libro de Geoffrey Nunberg, El Futuro del Libro. Este libro se encuentra compuesto por diferentes ensayos que pertenecen a una larga tradición de pensamientos críticos sobre los efectos culturales de nuevas formas y nuevos medios de comunicación.
En la discusión que se viene desarrollando en torno al futuro del libro, es posible distinguir dos polos opuestos; uno compuesto por las profecía de personas que se las suele denominar “visionarios de la informáticas”; quienes ofrecen un futuro en donde el libro impreso, las bibliotecas de ladrillo y cemento, las librerías y los editores tradicionales serán sustituidos por instituciones y géneros electrónicos; donde la narrativa tradicional ha cedido todas sus importantes funciones al hipertextos o al multimedia; donde se han eliminado los límites entre los medios de comunicación y las disciplinas tradicionales; y donde la sociedad de letras impresas ha sido remplazada por un orden discursivo más armonioso y equitativo.
En el polo opuesto, se encuentras los bibliófilos, los más conservadores; los que consideran inaceptable la posibilidad de leer una novela en una pantalla.
Ambas partes adoptan un determinismo tecnológico, creen que el futuro del discurso se basa enteramente en los artefactos que le sirven de medio, y estos artefactos, junto a las épocas culturales, sólo pueden sustituirse unos a otros. Como diría Umberto Eco “Esto matará a esto otro”.
Paul Duguid señala que la doctrina de la sustitución tiene grandes afinidades con el programa teórico del posmodernismo, con su insistencia en que la historia avanza gracias a abruptas y demoledoras discontinuidades. El autor afirma que casi todos lo visionarios están influidos por alguna versión de la idea de Daniel Bell, de que estamos en el umbral de una era posindustrial, ya que el orden social construido alrededor de la producción y distribución de bienes cede paso a un orden determinado por el conocimiento teórico.
Nadie niega que la tecnología digital tendrá profundo efecto sobre la manera de organizar el discurso y prometen dar lugar a la aparición de una nueva “esfera mediática o mediaesfera”, término de Régis Debray, un nuevo tipo de discurso. Pero es imposible predecir, con los cambios vertiginosos que sufre la tecnología, cuál va a ser la forma determinada que va a tomar y cuáles serán las consecuencias culturales.
Duguid y Debray señalan que la utilidad e importancia del formato libro no empieza y termina con la página impresa. Destacan que las aplicaciones de las tecnologías digitales no se limitan a la presentación de textos en pantalla, sino que prometen causar importante cambios en la edición impresa (Ejemplo, impresión digital).
James O’Donnell aventura una predicción más: para el final de la década todas las charlas sobre “el final del libro” sonarán anticuadas y marchitas como la mayor parte de las predicciones de este tipo que Duguid y Eco citan como precedentes históricos: la fotografía acabará con la pintura, las películas acabarán con el teatro, la televisión con el cine, etc.
Se es considerado también, en la cuestión del “futuro del libro” como una ocasión para reflexionar sobre la relación entre tecnología y comunicación, y el nuevo discurso que se genera
Ninguno de los que exponen en este libro consideran al libro como algo eterno. Ninguno imagina que la digitalización del discurso pueda efectuarse sin cambios importantes, y nadie acepta al determinismo simplista de los visionarios.

En conclusión | se puede decir que no hay razones, por el memento, que nos den indicio de la muerte del libro. Si bien no se puede negar que las grandes transformaciones tecnológicas afectan al libro como objeto, como así también la forma de vincularnos con ellos; se ve dispersada de la función cultural y comunicativa que asociamos con el libro pero no por ello vamos a prever una extinción del mismo. Cada medio propone una manera particular de vincularnos con el mensaje, será el lector quien elija la de su preferencia y  como diría Nunberg “cuando todo es posible, no se renuncia a nada”.

LOS FUNDAMENTOS DE MI INVESTIGACIÓN…


Para iniciar mi fundamentación considero interesante exponer una cita de Gonzalo Abril, que sirve como punto de partida e incentivador para el desarrollo de mi investigación.
“La implementación de las nuevas técnicas exige la previa existencia de unas expectativas culturales en cuyo marco la innovación adquiera sentido (condiciones de posibilidades). Pero, además esa implementación despliega y estimula el desarrollo de esas expectativas, esto es, refuerza el supuesto estado de necesidad al que responde. (…)
Con el proceso de tecnificación que se está llevando a cabo en los diferentes ámbitos educativos, es necesario, que en conjunto a esto se lleve a cabo el desarrollo de nuevas técnicas y herramientas pedagógicas para poder cumplir con las expectativas que proponen los nuevos medios.
Visto desde esta óptica, llevar a cabo una investigación sobre el desarrollo de La literatura en el entorno digital puede ser considerada de gran riqueza debido a que su resultado, podría ser aplicado para la obtención de formatos alternativos al del libro y la escritura tradicional; y así poder ser utilizado como una nueva herramienta de enseñanza en las aulas adaptándose de esta manera a los nuevos medios. Porque si bien es fundamental contar con medios de procesamiento de la información ágiles y eficientes, es igualmente fundamental contar con los formatos pertinentes para los mismos.
Ahora, una fundamentación pero desde un punto de vista más general, me remito a una cita de Jean Paul Sastre en su libro ¿Qué es la Literatura?  que dice: “El objeto literario es un trompo extraño que sólo existe en movimiento. Para que surja, hace falta un acto concreto que se denomina la lectura y, por otro lado, sólo dura lo que la lectura dure (…)”
Para esta cita propongo dos modos de interpretación; una interpretación semántica y otra desde el punto de vista personal, propios, que es desde el diseño de la comunicación visual.
Desde el primer modo de interpretación se puede entender a la literatura como un objeto vertiginoso, extraño, que está continuamente en movimiento en busca de nuevas y novedosas formas de expresión; con el fin de adaptarse a las necesidades y expectativas de los lectores de cada época; condición indispensable para que la literatura no quede obsoleta.
Desde una apreciación personal, pongo en tela de juicio la afirmación “sólo dura lo que la lectura dure”. Se puede decir que hay obras que transciende más allá del acto de la lectura, que logran impresionar al lector afectando niveles psicológicos, intelectuales, emocionales.
El segundo modo de interpretación que propongo, lo hago desde el punto de vista del rol que cumple el diseño ante lo extraño, vertiginoso y dinámico del proceso evolutivo del objeto literario. El diseño debe irse adaptando a las mutaciones que va sufriendo el objeto a lo largo del tiempo; esto es fundamental para que el mismo pueda ser utilizado y apreciado por el mayor número de lectores. El fin del diseño es hacer que se acerquen a estos objetos, fuentes de conocimiento, el mayor número de lector y una vez lograda su llegada hacerle lo más placentera y duradera su estadía.
A partir de estas interpretaciones es también porque considero importante llevar a cabo una investigación de estas características. La literatura es una fuente de conocimiento, y por esto es indispensable ponerla al alcance de la mayor cantidad de individuos. El diseño juega un rol importante en este proceso por lo que merece ser estudiado para su correcto desempeño.